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Los primeros meses de vida de un cachorro son una etapa fundamental.

A menudo, acuden tutores con sus cachorros a nuestro centro para que les guiemos en su educación.

Muchos de esos tutores llegan con la idea de que sus pequeños cachorros deben cuanto antes aprender a sentarse, acudir cuando se les llama, pasear con la correa

Y nuestra primera labor es explicarles que a tan temprana edad, el aprendizaje de esas conductas es secundario. Que lo relevante es conocer las fases biológicas de su pequeño y adecuar su aprendizaje a esos periodos de desarrollo.

Fase neonatal: sus dos primeras semanas de vida

Durante los 14 primeros días de vida, el cachorro pasa prácticamente todo el día durmiendo y el resto del día alimentándose.

Defeca y micciona como reflejo de la estimulación lingual de la madre y es absolutamente dependiente de ella.

Ya en esta fase tan temprana, manipular al cachorro es importante. Esta manipulación proporciona dos ventajas: maduración más rápida del Sistema Nervioso Central y potenciación del futuro afán exploratorio.

De lo anterior, se deduce que a la hora de adoptar o adquirir un cachorro, si es posible, debemos informarnos sobre sus condiciones en estas primeras dos semanas de vida.

Los buenos criadores, sabedores de la importancia de este periodo, dedican esfuerzos en generar estimulación a los cachorros de una forma acorde a su temprana edad.

 

Fase de transición: la tercera semana de vida

Esta fase es de las más desconocidas.

El cachorro inicia sus exploraciones y también se producen las primeras conductas de juego.

La defecación y micción se empiezan a hacer de manera autónoma.

Comienza el periodo progresivo de desapego de la madre, quien, bajo su vigilancia, deja que la camada comience a explorar por su cuenta.

Gracias a los juegos entre hermanos, los cachorros comienzan a comunicarse entre ellos y la madre inicia el aprendizaje de límites y normas en la relación social.

Fase de socialización: hasta los 3 / 4 meses.

En este periodo, pueden aparecer conductas propias de perros más adultos durante el juego: caza, monta, etc.

Se trata de un periodo clave a la hora de otorgar valor y sentar las bases de las relaciones sociales con perros, personas o animales de otra especie. 

El juego ajusta aún más las conductas y normas relacionales.

Asímismo, la neofilia (curiosidad por lo desconocido) alcanza su apogeo.

Y a pesar de que algunos veterinarios aconsejan que el cachorro no salga a la calle hasta cumplir su primer ciclo de vacunaciones (sobre el tercer mes), es importante que, siendo absolutamente precavidos con su escasa protección ante enfermedades, el pequeño comience a percibir estímulos a los que va a estar expuesto el resto de su vida.

Sacarle en brazos por zonas urbanas, presentarle de manera adecuada a distintas personas o plantearle circuitos de olfateo con pequeñas complicaciones (suelos de distintas superficies, sonidos diversos o lugares por los que deba inmiscuirse) ayudan a que adquiera seguridad en si mismo y facilitan su proceso de adaptación al mundo. Remarcar que este proceso debe hacerse respetando los tiempos de descanso del cachorro.

En lo referido a su socialización con otros perros, contrariamente a lo que se piensa, más no es mejor. Únicamente mejor, es mejor.

Y esto significa supervisar las relaciones que se establecen, bien para proteger a nuestro cachorro de agresiones, abusos o situaciones que le impresionen (un perro demasiado brusco en el juego o en el acercamiento también puede impresionar), o bien para detener la interacción cuando sea nuestro pequeño quien se está comportando de manera impertinente con otro perro.

Si bien, no es momento de centrarse en el aprendizaje de conductas concretas, pueden comenzarse a enseñar estructuras de aprendizaje como el luring, que nos serán muy útiles en el futuro.

También es momento de comenzar a trabajar las competencias de gestión emocional en proporciones adecuadas a su edad. En este sentido, el juego ordenado es una indispensable herramienta, además de servir de refuerzo en la relación.

 

Fase Juvenil, entrando en la adolescencia

Desde el tercer o cuarto mes y hasta la madurez sexual.

En hembras es cuando se presente el primer celo y en machos cuando empiezan a levantar la pata para hacer pis.

Aumentan enormemente sus capacidades motoras. Ya no es “un torpón”.

La neofobia (desconfianza ante lo desconocido) irá ganado peso a la neofilia (curiosidad por conocer), es decir, comienza a cerrarse esa ventana biológica de aprendizaje, plasticidad y adaptación a las novedades del mundo.

En perros sensibles, temerosos o cuya exposición al mundo haya sido insuficiente, pueden aparecer conductas intensas de miedo o desconfianza ante personas, perros o entornos determinados.

Por el contrario, si el cachorro ha ido adquiriendo seguridad en las semanas previas, buscará ir más allá y alejarse de nosotros en ocasiones, al contrario de lo que hacia semanas antes, que era buscar nuestra cercanía como referencia continua.

Es cierto que el perro mantendrá durante toda su vida la capacidad de aprendizaje y adaptación, pero no podemos obviar la importancia de sus primeros meses de vida. 

 

Conclusiones sobre el desarrollo de tu cachorro

Cada uno de los periodos descritos y sus aspectos más relevantes merecen un post (o un libro entero) para comprenderlos en profundidad.

No obstante, es clave informarse de ellos antes de que el cachorro llegue a casa y conocer con el máximo detalle las fases por las que atravesará, aún teniendo en cuanta todos los matices y variaciones que su individualidad le aporte en el desarrollo.

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Jon Arraibi

Jon Arraibi

Director Técnico del Centro de Educación Canina y Formación La Llamada de Buck que se encuentra en Castro Urdiales (Cantabria). Docente / Instructor acreditado para formación del Gobierno Vasco en la formación de nuevos adiestradores y educadores caninos. Responsable del podcast centrado en el mundo del perro "La llamada de Buck". Periodista especializado en el medio natural. Psicopedagógo y Profesor .