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Tradicionalmente se han abordado los problemas de comportamiento del perro con una mirada cortoplacista: esto es conseguir la cooperación inmediata,  que nuestro perro deje de hacer algo que no debe hacer y empiece a hacer algo que sí ha de hacer.

Al centramos únicamente en la conducta puntual del perro, nos estamos fijando solo en los síntomas, no en la causas. Y si únicamente tenemos en cuenta los síntomas, nos veremos obligados a tratarlos una y otra vez.

En este sentido, a largo de las últimas décadas han surgido innumerables teorías sobre cómo ayudar a los perro a «comportarse bien». Desde el enfoque tradicional de “mano dura” a su contrario, el de «tolerancia máxima» pasando por una amplia amalgama de términos medios.

Lo que muchos de ellos comparten es su mirada cortoplacista mediante la posición obsesiva de sus focos en las conductas puntuales del perro.

Otra de las características que comparten (muy a su pesar) es la dependencia que mantienen de las doctrinas conductistas más tradicionales. El entorno, lo exterior, adoptando la forma de consecuencias deseadas o, por el contrario, temidas o desagradables, moldea el comportamiento. Si se eligen y aplican correctamente estas consecuencias tras una conducta determinada, el perro cambiará.

Sin embargo, especialmente en los últimos 30 años, la ciencia ha accedido a una inmensa cantidad de información sobre el funcionamiento del cerebro que puede aportar mucho a un enfoque educativo afectuoso y respetuoso, además de coherente y efectivo más allá del corto plazo. 

 

La Educación Canina actual: un teléfono móvil desaprovechado

Tal como escuché en cierta ocasión a un importante entrenador canino, muchos trabajos actuales en el ámbito del comportamiento se parecen a tener un teléfono móvil de última generación y limitarnos a utilizarlo para enviar mensajes SMS y llamada de voz, desaprovechando las inmensas potencialidades que ofrecen las tecnologías actuales (GPS, Cámaras, Redes Sociales, Apps de todo tipo).

Siguiendo con la metáfora, la educación canina actual no puede limitarse a la aplicación de conocimientos que cuentan con más de un siglo de historia y dejar de lado los descubrimientos consensuados en áreas como la motivación, la atención, el vínculo, la memoria, el funcionamiento de las emociones, etc.

En nuestra profesión, hablamos con gran cantidad de personas preocupadas, abrumadas, frustradas o tristes por aspectos problemáticos de la convivencia junto a sus perros.

Abrir su perspectiva es parte de nuestra labor. Y a convencerles de que únicamente abordar los problemas en el corto plazo no es la solución consistente, dedicamos gran parte de nuestra tarea.

Ante este enfoque, cada vez son más los se muestran aliviados (e ilusionados) al entender que mejorar la convivencia con un perro no se limita a aplicar consecuencias deseadas o desagradables tras los comportamientos problemáticos o preocupantes de su perro.

Quieren una educación afectuosa, con la que sentirse a gusto y que además funcione, pero no saben como ponerla en práctica y cuando se enfrentan a la tarea de gestionar determinados comportamientos de sus perros, se sienten abrumados y cansados.

 

Entrenamiento canino de competencias y destrezas

Y aquí es donde entra un segundo camino tan o más importante que el de lograr mejoras puntuales a los problemas: mientras que conseguir cooperación del perro es un objetivo a corto plazo, este segundo propósito tiene más largo alcance: se centra en entrenar con nuestros perros con el fin de que desarrollen destrezas y capacidades para manejar con flexibilidad situaciones exigentes, frustraciones y potenciales tormentas emocionales que pueden hacerles perder el control.

Tal como señala Daniel J. Siegel en su obra “Disciplina sin lágrimas” este camino de medio / largo recorrido debe de potenciar “habilidades internas que se pueden generalizar más allá de la conducta inmediata para usarlas no solo en el presente, sino también después, en muchas situaciones”.

Ahí debemos poner el foco los entrenadores caninos si queremos aprovechar los teléfonos de última generación al máximo: en desarrollar y mejorar técnicas, itinerarios, caminos concretos para poner en práctica lo que la ciencia pura certifica.

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Jon Arraibi

Jon Arraibi

Director Técnico del Centro de Educación Canina y Formación Técnica La Llamada de Buck que se encuentra en Castro Urdiales (Cantabria). Docente / Instructor acreditado para formación del Gobierno Vasco en la formación de nuevos adiestradores y educadores caninos. Asesor Técnico Profesional de la Dirección General de Derechos de los Animales (Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030). Responsable del podcast centrado en el mundo del perro "La llamada de Buck". Periodista especializado en el medio natural. Psicopedagogo y Profesor.