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Al referirnos a perros con problemas graves de inseguridad debemos comenzar acotando algunos conceptos:

En primer lugar, debemos hablar de “SENSIBILIDAD”.

El grado de sensibilidad nos sirve para estimar que nivel de cambio en el entorno es suficiente para que afecte de manera significativa al perro.

Un paraguas que se abre, un sonido repentino, alguien que le toca sin previo aviso, un desconocido que se acerca, una pancarta que se agita debido al viento son ejemplos de estímulos que provocan sobresalto en muchos perros con inseguridades.

El mostrarnos sensibles a los cambios del entorno mediante lo que perciben nuestros sentidos tiene una importante función adaptativa. Nos ayuda a responder de manera adecuada a los cambios que ocurren a nuestro alrededor, prestando atención a aquello relevante para nuestro bienestar y siendo indiferentes ante lo que no lo es. Existen perros más y menos sensibles y, según confirman la mayor parte de los estudios, el grado de sensibilidad es en gran parte heredado. Una alta sensibilidad en si misma no supone problema alguno. De hecho, contar con altas dosis de sensibilidad es un requisito imprescindible a la hora alcanzar un alto nivel en muchos entrenamientos técnicos, bien deportivos o funcionales.

Los problemas aparecen cuando a una alta sensibilidad se le une la segunda gran cuestión: la INSEGURIDAD. Un perro que combina ambas características detectará gran cantidad de cambios en el entorno, pero lo hará desde una “lente negativa”, como potenciales amenazas para su seguridad. Y reaccionará como hacen la inmensa mayoría de los seres vivos: huyendo, agrediendo o paralizándose ante aquello que interpretan peligroso.

En pocas palabras, cuando sensibilidad e inseguridad conviven en la forma concreta que tiene un perro de percibir el mundo, la realidad cotidiana se convierte en fuente de innumerables amenazas de las que huir o defenderse.

 

¿Cómo se han tratado los problemas de inseguridad?

Habitualmente, los problemas relacionados con la inseguridad se han tratado:

1 – Mediante procesos de habituación o exposición progresiva a lo que el perro teme. La principal limitación de este enfoque es que el mundo real no es ni progresivo ni cuidadoso con sus temores, más bien al contrario: en un paseo real pueden surgir innumerables situaciones que no esperamos y que pueden desbordar una y otra vez al perro. Esto lleva a avanzar un paso para retroceder tres, para avanzar nuevamente y volver a retroceder, entrando en una espiral de difícil salida. En casos particulares y en momentos puntuales del proceso de recuperación, puede ser necesario realizar trabajos de este tipo, no obstante, por si solos, difícilmente solucionarán el problema.

2 – Evitando las situaciones que afectan al perro. Si no puedes con tu enemigo, evítalo a toda costa. Paseos o muy temprano o muy tarde, lugares poco concurridos, etc. El apostar por esta estrategia tiene la evidente limitación de que no resolvemos problema alguno al evitar afrontarlo. Al igual que en el punto anterior, puede ser conveniente recurrir a este recurso. Principalmente cuando las capacidades de autorregulación emocional del perro están bajo mínimos fruto de meses o años de tensión y estrés.

3 – Inhibir / castigar las reacciones producto de la inseguridad. Durante décadas, quizás este sea el enfoque que más se ha utilizado, no solo para comportamientos fruto de la inseguridad, sino para cualquier reacción que nos desagrada. Esta estrategia se basa en un principio tan sencillo como tenebroso: conseguir que el perro tema mucho más a la corrección que al estímulo original que le daba miedo. Lo más pernicioso de este enfoque para un perro inseguro es que, la mayor parte de las veces, quien debe aplicar esa corrección o castigo es la persona de referencia del perro, en la que debería confiar a ciegas. Temer intensamente a quien debe ser fuente de seguridad supone lo que los expertos en el estudio del apego llaman una “paradoja biológica”. No hay estrategia adaptativa posible que tenga sentido cuando nos genera terror quien debe proporcionarnos seguridad  A menudo, en esta situación tan confusa, al perro sólo le queda la postración o la indefensión. Y no estamos hablando de que a veces una situación puntual nos desborde y alcemos la voz o realicemos un manejo brusco del perro. No es lo ideal, desde luego, pero también nosotros podemos ser presa de nuestras emociones.

 

Estoy junto a ti. Lo superarás

Llegados a este punto la pregunta es obvia:

Si habituar a los estímulos y evitar las situaciones comprometidas a menudo son estrategias insuficientes y centrarnos en inhibir las reacciones genera más problemas de los que pretende solucionar , ¿que opción es la adecuada?

Desde nuestro punto de vista existen dos aspectos imprescindibles a desarrollar:

 

Acompañar no lo mismo que simplemente estar

  • En primer lugar y como requisito previo, la confianza debe estructurar la relación entre persona y perro. El perro debe percibir a su figura de referencia como una especie de puerto seguro en el que sentirse protegido, como una firme estructura en la que apoyarse, confiar y dejarse guiar. Sin un suelo relacional sólido, sin nuestro ayuda, difícilmente el perro podrá adquirir las competencias necesarias para superar sus inseguridades. Comunicación rica en matices, afecto adecuado, diversión conjunta, previsibilidad, coordinación, coherencia (que no rigidez) son algunos de los aspectos que contribuyen a fortalecer la relación.

 

Autoeficacia: yo puedo

Desde la base de una relación sólida, debemos establecer un plan de avance que contemple:

  • Aumentar el sentido de autoeficacia de nuestro perro o, dicho de otras forma, la seguridad en sus propias capacidades para manejar y manejarse en el entorno, superar dificultades y resolver problemas (no necesariamente relacionados con sus temores).

 

  • Desarrollar escenarios en los que para obtener algo de valor debe, voluntariamente, introducirse en situaciones ligeramente incómodas y, ahora si, relacionadas con aquellos sentidos en los que su sensibilidad es más acusada. Imprescindible que lo haga voluntariamente. Y ahí estaremos nosotros para regular la dificultad de cada ejericio de forma que en su balance de riesgo / beneficio lo segundo gane la partida. De esta forma, además, nos alejamos del enfoque habituacionista en el que el perro es un sujeto pasivo de un proceso que le expone a aquello que teme sin posibilidad de retirarse cuando el reto le supera. En nuestro enfoque, el perro debe ser dueño de sus decisiones. Y cuando apueste por dar un paso adelante, el avance será infinitamente más sólido al partir de su propia decisión. Superado cada pequeño desafío, será más fuerte y resilente.

 

  • Construir recursos de guiado que nos ayuden a sacar a nuestro perro de una situación incómoda o, al contrario, ayudarle a dar un paso adelante cuando aparezca un bloqueo. Discernir cuando necesitan un rescate o un empujoncito al frente evitará que caigamos en la también dañina sobreprotección.

 

  • Potenciar destrezas emocionales como el autocontrol y la tolerancia a la frustración.

 

  • Poner en marcha tareas y actividades para reducir el estrés acumulativo que puede darse tras un suceso que afecte a nuestro perro.

 

En definitiva, debemos llevar al máximo la relación con nuestro perro en términos de confianza, fiabilidad, sensación de seguridad (no sobreprotección), comunicación y asertividad la relación.

Y este ACOMPAÑAMIENTO (con las mayúsculas más grandes que puedas imaginar) es la mejor base desde la que iniciar la superación de sus inseguridades mediante un itinerario progresivo que potencie la seguridad en sí mismo, además de otras destrezas emocionales.

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Jon Arraibi

Jon Arraibi

Director Técnico del Centro de Educación Canina y Formación Técnica La Llamada de Buck que se encuentra en Castro Urdiales (Cantabria). Docente / Instructor acreditado para formación del Gobierno Vasco en la formación de nuevos adiestradores y educadores caninos. Asesor Técnico Profesional de la Dirección General de Derechos de los Animales (Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030). Responsable del podcast centrado en el mundo del perro "La llamada de Buck". Periodista especializado en el medio natural. Psicopedagogo y Profesor.